Manuel Fraga Iribarne, declaraciones aparecidas en el telediario del día Lunes 2 de Marzo en referencia a las elecciones del día anterior Domingo 1 de Marzo:
- Sólamente un completo idiota podría decir ahora que dibirgifidir sdiguifirzs kuir.
Estoy de acuerdo con él tan sólo en parte. Si uno no es idiota y practica también podría llegar a decir ese galimatías, aunque puede que no con soltura.
Por cierto que él lo dijo muy bien.
miércoles, 4 de marzo de 2009
lunes, 2 de marzo de 2009
A mi Plim que soy Funcionario
Leo una noticia que quizá haya pasado desapercibida en nuestra FalsiMedia en España: "El Estado de California comunica a veinte mil empleados públicos su despido".
Ahí queda eso.
Me llama la atención por diversas razones: en primer lugar, tenemos a medio país preparándose unas oposiciones a funcionario de algún tipo para ver si así logra un puesto de trabajo estable. En segundo lugar, en estos tiempos de derrumbe socioeconómico en los que vamos a entrar, me encuentro hace ya meses a personas que me sueltan el consabido "Bueno, yo estoy tranquilo, que soy funcionario." Bien, pues aquí tienen ambos grupos sociales una razón más para estar preocupados.
¿Y qué pretendo yo con esta noticia? ¿Amargarles la vida? Nada de eso. Pretendo recordar que las personas somos una especie de ecosistema social, o "sociosistema" o como proceda llamarlo: lo que es malo para los demás acabará siendo malo también para nosotros. Si cae una parte significativa de la sociedad nos arrastra a todos. Nadie está blindado aunque sea funcionario.
Me trae a la memoria una hermosa frase del filósofo español Santiago Alba Rico: "¿Qué clase de padre permite que el hijo de otro pase hambre mientras el suyo come?".
Nos hemos pasado la vida repitiendo la cantinela del "Mientras no me pille a mí". Ahora empieza a verse, a poco que uno se pare a pensar en ello, que estábamos diciendo una estupidez.
Ahí queda eso.
Me llama la atención por diversas razones: en primer lugar, tenemos a medio país preparándose unas oposiciones a funcionario de algún tipo para ver si así logra un puesto de trabajo estable. En segundo lugar, en estos tiempos de derrumbe socioeconómico en los que vamos a entrar, me encuentro hace ya meses a personas que me sueltan el consabido "Bueno, yo estoy tranquilo, que soy funcionario." Bien, pues aquí tienen ambos grupos sociales una razón más para estar preocupados.
¿Y qué pretendo yo con esta noticia? ¿Amargarles la vida? Nada de eso. Pretendo recordar que las personas somos una especie de ecosistema social, o "sociosistema" o como proceda llamarlo: lo que es malo para los demás acabará siendo malo también para nosotros. Si cae una parte significativa de la sociedad nos arrastra a todos. Nadie está blindado aunque sea funcionario.
Me trae a la memoria una hermosa frase del filósofo español Santiago Alba Rico: "¿Qué clase de padre permite que el hijo de otro pase hambre mientras el suyo come?".
Nos hemos pasado la vida repitiendo la cantinela del "Mientras no me pille a mí". Ahora empieza a verse, a poco que uno se pare a pensar en ello, que estábamos diciendo una estupidez.
sábado, 28 de febrero de 2009
Conversaciones de Automóvil - La Juventud
Me cuenta un amigo el otro día de sus condiciones laborales, mientras íbamos en su automóvil. Confieso que es donde más hablo con la gente, si es que hablo algo; el resto del día estoy en mis asuntos, o en asuntos mútuos que no dejan lugar a conversaciones. Adivino, triste desgracia de nuestra época, que como mucha otra gente. El automóvil, sin embargo, y por mucho que yo me oponga a la automoción como medio de transporte para una sociedad, tiene quizá ese algo de momento de calma proclive a la conversación.
Resulta que el hombre tiene trabajo en una fábrica de productos alimenticios los días que lo llaman y si lo llaman. Es decir, que le contratan para un día de trabajo. Entra a trabajar a eso de las 2 de la tarde, y lo llaman sobre las 12 y media. Además cuando lo llaman tiene el tiempo justo de ir al lugar donde debe firmar el contrato (contrato para ese día exclusivamente), situado en otro sitio distinto (y alejado, para más inri) del lugar de trabajo, volver a casa a por un bocadillo y tirar directo para la fábrica. A deslomarse, no se crean que el trabajo es jugar al parchís.
Toma castaña condiciones laborales. Me ha recordado todas esas veces en la historia en las que los padres "alimentaban a sus hijos por la tarde con el dinero que habían ganado por la mañana". Y yo quejándome de que el mes de vacaciones debería ser pactado entre el trabajador y el empleador: dos semanas que las asigne el empleador y otras dos las selecciona el trabajador.
Pero más miga tiene su opinión al respecto:
- No, si yo lo veo bien. Pero para gente joven.
Anda María, como suele decirse. Vaya uno a saber porqué, me acordé de cuando en el Telediario, con aquello del ciclismo, alguien dijo, creo que fue de un tal Alberto Contador (ciclista de esos, me parece): "Tiene 24 años, pero tiene la cabeza bastante en su sitio."
Resulta que a la gente joven, entendiendo por tal a esos sujetos, en muchos casos estudiantes, que no tienen un duro y que todavía tienen ilusiones y hasta ven sentido a la vida, la encierra nuestra sociedad una burrada de horas al día en un Ciclo de Enseñanza Reglada escuchando (¿oyendo, como se dice de la misa, más bien?) desmotivados a un profesor más desmotivado, se la desprovee de bienes, respeto, futuro y casi hasta de derechos... y encima de todo podemos darle los trabajos más míseros en las peores condiciones.
Creo que, si yo estuviera en su lugar, me iría al botellón. Y a perseguir féminas. Y que me quiten lo bailado.
Resulta que el hombre tiene trabajo en una fábrica de productos alimenticios los días que lo llaman y si lo llaman. Es decir, que le contratan para un día de trabajo. Entra a trabajar a eso de las 2 de la tarde, y lo llaman sobre las 12 y media. Además cuando lo llaman tiene el tiempo justo de ir al lugar donde debe firmar el contrato (contrato para ese día exclusivamente), situado en otro sitio distinto (y alejado, para más inri) del lugar de trabajo, volver a casa a por un bocadillo y tirar directo para la fábrica. A deslomarse, no se crean que el trabajo es jugar al parchís.
Toma castaña condiciones laborales. Me ha recordado todas esas veces en la historia en las que los padres "alimentaban a sus hijos por la tarde con el dinero que habían ganado por la mañana". Y yo quejándome de que el mes de vacaciones debería ser pactado entre el trabajador y el empleador: dos semanas que las asigne el empleador y otras dos las selecciona el trabajador.
Pero más miga tiene su opinión al respecto:
- No, si yo lo veo bien. Pero para gente joven.
Anda María, como suele decirse. Vaya uno a saber porqué, me acordé de cuando en el Telediario, con aquello del ciclismo, alguien dijo, creo que fue de un tal Alberto Contador (ciclista de esos, me parece): "Tiene 24 años, pero tiene la cabeza bastante en su sitio."
Resulta que a la gente joven, entendiendo por tal a esos sujetos, en muchos casos estudiantes, que no tienen un duro y que todavía tienen ilusiones y hasta ven sentido a la vida, la encierra nuestra sociedad una burrada de horas al día en un Ciclo de Enseñanza Reglada escuchando (¿oyendo, como se dice de la misa, más bien?) desmotivados a un profesor más desmotivado, se la desprovee de bienes, respeto, futuro y casi hasta de derechos... y encima de todo podemos darle los trabajos más míseros en las peores condiciones.
Creo que, si yo estuviera en su lugar, me iría al botellón. Y a perseguir féminas. Y que me quiten lo bailado.
jueves, 26 de febrero de 2009
Fauna y Flora de Nuestra Sociedad - Los Regalamealgo
El presente análisis tiene por objetivo tratar de iniciar la comprensión de la anomalía social conocida como la afección del "Regalamealgo" o simplemente los "Regalamealgo". El autor agradecerá se le suministren a su dirección de correo electrónico ejemplos o datos que pudieran ayudar a profundizar en el tema del análisis.
Los Regalamealgo. Una descripción inicial.
Nuestra sociedad se encuentra aquejada de una actitud por parte de algunos individuos que debiera ser calificada, si no de infrecuente, sí al menos de peculiar. A falta de un término más científico, y en homenaje al antiguo chiste de los "buanaminos" o los "aminobuanas", definiremos por ahora a estas personas como los "Regalamealgo".
Entenderemos por persona "Regalamealgo" a aquél que solicita de los demás regalos, cesiones o transferencias de propiedades varias sin haber entregado ni tener intención futura de entregar ningún tipo de contraprestación a cambio. El Regalamealgo puede precisar lo que desea que se le regale con mayor o menor exactitud, pero nunca dejará la selección del regalo al completo libre albedrío de la persona que debe hacer el regalo (persona "Caratontoparece" desde ahora).
El Regalamealgo actúa solo o cuanto menos sin otros Regalamealgo en las proximidades. La presencia de personas de actitud incondicionalmente favorable o cuanto menos amistosa hacia el Regalamealgo será propicia e incluso agradecida por éste último; el Regalamealgo podría tratar incluso de utilizar a estas personas como cómplices indirectos que confirmen su (a sus ojos, al menos) sensata y justa actitud demandante de prebendas a la persona "Caratontoparece".
El regalo que el Regalamealgo solicita será inevitablemente algo que él no tenga o, cuanto menos, solicitará regalos de algún tipo que el Caratontoparece tenga o aparente tener en mayor cantidad, cuantía o calidad que él mismo.
Motivaciones de Fondo de los Regalamealgo.
El autor de este estudio opina que, contrariamente a lo que pudiera pensarse, los Regalamealgo no actúan movidos por intenciones de nivelar las desigualdades de riqueza o patrimonio existentes en nuestra sociedad. No parecen estar detrás de las actitudes de los Regalamealgo seguimientos de doctrinas políticas o filosóficas igualitarias como los dictados de Jesucristo, el socialismo o el comunismo. Así lo revela el hecho de que los individuos Regalamealgo tengan en sus vidas actitudes tan individualistas y competitivas como cualquier otro integrante de la sociedad en el primer mundo.
Asímismo los Regalamealgo, en no pocas ocasiones, conceden poco uso e importancia al regalo recibido caso de lograr su objetivo. Ello sugiere que el regalo en sí mismo no constituye necesariamente un fin para su actitud.
Tampoco hay razones para pensar que el Regalamealgo sienta afecto y pretenda con su actitud intimar o hacer amistad con el Caratontoparece. Así se desprende del hecho de que el Regalamealgo no parezca tener más respeto por el Caratontoparece caso de que éste último acceda a sus pretensiones. De hecho, la persona Regalamealgo resulta ser gradualmente menos respetuosa con quien más confianza tiene. Digamos que la actitud respetuosa del Regalamealgo hacia el prójimo es a menudo, y muy especialmente con los Caratontoparece, inversamente proporcional al grado adquirido de confianza e intimidad.
Incluso existen evidencias de casos en los que ni siquiera parece que los Regalamealgo logren alcanzar una mayor felicidad en sus vidas mediante un incremento de su patrimonio, por mucho que ésta sea la consecuencia lógica que hasta ellos mismos cabrían esperar de su actitud. Podremos encontrarnos los regalos conseguidos por un Regalamealgo en sus correrías olvidados y guardados en un baúl de su domicilio, tal vez desde el mismo día que los obtuvo.
El Regalamealgo. Conclusiones Finales.
El autor de este estudio opina que el individuo Regalamealgo no es posiblemente consciente de su actitud parasitaria. Seguramente sea un personaje insatisfecho de su propia existencia y de la vida que está llevando, por lo que, durante sus ataques al Caratontoparece, está en realidad buscando formas de encontrar algo de felicidad en su vida mediante:
a.- La consecución de bienes materiales.
b.- Algo de daño leve a un prójimo al que él considere como víctima propiciatoria.
Ambos factores a y b son inducidos, en mayor o menor medida, a toda la sociedad individualista y competitiva del primer mundo. El factor a es inducido mediante la propaganda mediática continuada que asocia felicidad, dignidad y realización de la persona a la posesión de bienes materiales. El factor b es más bien una reacción encubierta de venganza por parte del individuo hacia una sociedad que lo aplasta y no le permite florecer. Tristemente el Regalamealgo, y esto último pudiera ser extensible a cualquier habitante promedio no afectado de su mal, acostumbra a no hallar, en realidad, un consuelo efectivo en ninguno de ambos factores a y b, al menos durante tiempo prolongado: apenas recién adquirido el nuevo bien material, o recién ejecutada su/nuestra pequeña venganza-resarcimiento en el prójimo, los ciudadanos del primer mundo acostumbramos, con denodada frecuencia, a volver a estar vacíos.
Es posiblemente a causa de ello que, al estilo del conocido aforismo de la sabiduría popular que dice que "Se cree el ladrón que todos son de su condición", el Regalamealgo ve en el Caratontoparece a un consumista como él mismo que tampoco valora sus bienes materiales; no le producirá con sus demandas, piensa, sino un "daño leve al prójimo".
En resumen, no hay malicia como tal en el Regalamealgo. Más bien podemos ver en ellos uno más de los nefastos resultado de un sistema socioeconómico que fagocita a sus hijos y les hace a veces buscar la felicidad a través de un supuesto desagravio en forma de actitudes poco respetuosas hacia los demás.
Los Regalamealgo. Una descripción inicial.
Nuestra sociedad se encuentra aquejada de una actitud por parte de algunos individuos que debiera ser calificada, si no de infrecuente, sí al menos de peculiar. A falta de un término más científico, y en homenaje al antiguo chiste de los "buanaminos" o los "aminobuanas", definiremos por ahora a estas personas como los "Regalamealgo".
Entenderemos por persona "Regalamealgo" a aquél que solicita de los demás regalos, cesiones o transferencias de propiedades varias sin haber entregado ni tener intención futura de entregar ningún tipo de contraprestación a cambio. El Regalamealgo puede precisar lo que desea que se le regale con mayor o menor exactitud, pero nunca dejará la selección del regalo al completo libre albedrío de la persona que debe hacer el regalo (persona "Caratontoparece" desde ahora).
El Regalamealgo actúa solo o cuanto menos sin otros Regalamealgo en las proximidades. La presencia de personas de actitud incondicionalmente favorable o cuanto menos amistosa hacia el Regalamealgo será propicia e incluso agradecida por éste último; el Regalamealgo podría tratar incluso de utilizar a estas personas como cómplices indirectos que confirmen su (a sus ojos, al menos) sensata y justa actitud demandante de prebendas a la persona "Caratontoparece".
El regalo que el Regalamealgo solicita será inevitablemente algo que él no tenga o, cuanto menos, solicitará regalos de algún tipo que el Caratontoparece tenga o aparente tener en mayor cantidad, cuantía o calidad que él mismo.
Motivaciones de Fondo de los Regalamealgo.
El autor de este estudio opina que, contrariamente a lo que pudiera pensarse, los Regalamealgo no actúan movidos por intenciones de nivelar las desigualdades de riqueza o patrimonio existentes en nuestra sociedad. No parecen estar detrás de las actitudes de los Regalamealgo seguimientos de doctrinas políticas o filosóficas igualitarias como los dictados de Jesucristo, el socialismo o el comunismo. Así lo revela el hecho de que los individuos Regalamealgo tengan en sus vidas actitudes tan individualistas y competitivas como cualquier otro integrante de la sociedad en el primer mundo.
Asímismo los Regalamealgo, en no pocas ocasiones, conceden poco uso e importancia al regalo recibido caso de lograr su objetivo. Ello sugiere que el regalo en sí mismo no constituye necesariamente un fin para su actitud.
Tampoco hay razones para pensar que el Regalamealgo sienta afecto y pretenda con su actitud intimar o hacer amistad con el Caratontoparece. Así se desprende del hecho de que el Regalamealgo no parezca tener más respeto por el Caratontoparece caso de que éste último acceda a sus pretensiones. De hecho, la persona Regalamealgo resulta ser gradualmente menos respetuosa con quien más confianza tiene. Digamos que la actitud respetuosa del Regalamealgo hacia el prójimo es a menudo, y muy especialmente con los Caratontoparece, inversamente proporcional al grado adquirido de confianza e intimidad.
Incluso existen evidencias de casos en los que ni siquiera parece que los Regalamealgo logren alcanzar una mayor felicidad en sus vidas mediante un incremento de su patrimonio, por mucho que ésta sea la consecuencia lógica que hasta ellos mismos cabrían esperar de su actitud. Podremos encontrarnos los regalos conseguidos por un Regalamealgo en sus correrías olvidados y guardados en un baúl de su domicilio, tal vez desde el mismo día que los obtuvo.
El Regalamealgo. Conclusiones Finales.
El autor de este estudio opina que el individuo Regalamealgo no es posiblemente consciente de su actitud parasitaria. Seguramente sea un personaje insatisfecho de su propia existencia y de la vida que está llevando, por lo que, durante sus ataques al Caratontoparece, está en realidad buscando formas de encontrar algo de felicidad en su vida mediante:
a.- La consecución de bienes materiales.
b.- Algo de daño leve a un prójimo al que él considere como víctima propiciatoria.
Ambos factores a y b son inducidos, en mayor o menor medida, a toda la sociedad individualista y competitiva del primer mundo. El factor a es inducido mediante la propaganda mediática continuada que asocia felicidad, dignidad y realización de la persona a la posesión de bienes materiales. El factor b es más bien una reacción encubierta de venganza por parte del individuo hacia una sociedad que lo aplasta y no le permite florecer. Tristemente el Regalamealgo, y esto último pudiera ser extensible a cualquier habitante promedio no afectado de su mal, acostumbra a no hallar, en realidad, un consuelo efectivo en ninguno de ambos factores a y b, al menos durante tiempo prolongado: apenas recién adquirido el nuevo bien material, o recién ejecutada su/nuestra pequeña venganza-resarcimiento en el prójimo, los ciudadanos del primer mundo acostumbramos, con denodada frecuencia, a volver a estar vacíos.
Es posiblemente a causa de ello que, al estilo del conocido aforismo de la sabiduría popular que dice que "Se cree el ladrón que todos son de su condición", el Regalamealgo ve en el Caratontoparece a un consumista como él mismo que tampoco valora sus bienes materiales; no le producirá con sus demandas, piensa, sino un "daño leve al prójimo".
En resumen, no hay malicia como tal en el Regalamealgo. Más bien podemos ver en ellos uno más de los nefastos resultado de un sistema socioeconómico que fagocita a sus hijos y les hace a veces buscar la felicidad a través de un supuesto desagravio en forma de actitudes poco respetuosas hacia los demás.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Más sobre el Consumo a Toda Costa
Me telefonea mi buen amigo Gumersindo Amador para hablarme de mi reciente artículo publicado en esta mi web, en el que me pronuncio en contra del consumo continuado como sostén de una economía:
- Creo que no tienes razón. Parte de la crisis sí la están causando actitudes temerosas de personas, por ejemplo funcionarios, que continúan cobrando el mismo salario pero no gastan por el miedo a que vengan tiempos peores.
De ser así, lo primero que se me ocurre es que esa gente que "tiene dinero" lo está, en efecto, guardando supongo que con miras al futuro. Pero lo veo poco probable. Más bien diría que aquí todos estamos más o menos con el agua al cuello como para tener mucho margen de ahorro. Sobre todo porque uno de los orígenes del problema (por problema me refiero a eso que llaman Crisis, y que mucho me temo que sea algo bastante más gordo) es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante años: esa frecuente renovación de teléfono móvil, esa televisión de plasma, ese automóvil, esa segunda vivienda, y otros muchos dispendios en los que no entro por no extenderme; todo ello, por supuesto, pagado a plazos. Parece que hace mucho que todos estamos ya pagando (o sea, gastando y consumiendo) al mes tanto como podemos. Funcionarios y trabajadores de salario fijo incluídos.
Pero es que, aún cuando sea verdad que hay gente que, por mucho que pueda, no gasta porque no quiere, pues qué quieren ustedes que les diga: me parece perfecto y lógico. Lógico porque con tanto embate de FalsiMedia en su cantinela del "Vienen tiempos malísimos" para que aceptemos rebajas en nuestros derechos sociales y laborales, cualquiera se atreve a gastar en cosas que no le son estrictamente necesarias.
Y me parece perfecto que esas personas no gasten porque ¿a santo de qué para que les salgan las cuentas a los cerebritos que adoraron al Becerro de Oro del Crecimiento Continuado tenemos ahora los demás que gastar sin necesidad nuestro dinero, tan trabajosamente obtenido?
Aunque parezca simplificar demasiado el problema, opino que el único motivo de que se nos haya adoctrinado para el consumismo es que nuestro gasto continuado enriquecía a unos pocos, mayormente los dueños de las multinacionales, que eran (y son) los vendedores y beneficiarios últimos de casi todo lo que comprábamos.
El pequeño problemita del método era que nos empobrecía a nosotros. ¿O sería quizá eso mismo parte del objetivo buscado? En todo caso que no vengan a pedirnos que sigamos con el derroche.
No nos dejemos ahora engañar por las mentiras que promulgan desde sus púlpitos mediáticos: el derrumbe económico no es culpa nuestra, ni mucho menos, por más pies que se le busquen al gato.
- Creo que no tienes razón. Parte de la crisis sí la están causando actitudes temerosas de personas, por ejemplo funcionarios, que continúan cobrando el mismo salario pero no gastan por el miedo a que vengan tiempos peores.
De ser así, lo primero que se me ocurre es que esa gente que "tiene dinero" lo está, en efecto, guardando supongo que con miras al futuro. Pero lo veo poco probable. Más bien diría que aquí todos estamos más o menos con el agua al cuello como para tener mucho margen de ahorro. Sobre todo porque uno de los orígenes del problema (por problema me refiero a eso que llaman Crisis, y que mucho me temo que sea algo bastante más gordo) es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante años: esa frecuente renovación de teléfono móvil, esa televisión de plasma, ese automóvil, esa segunda vivienda, y otros muchos dispendios en los que no entro por no extenderme; todo ello, por supuesto, pagado a plazos. Parece que hace mucho que todos estamos ya pagando (o sea, gastando y consumiendo) al mes tanto como podemos. Funcionarios y trabajadores de salario fijo incluídos.
Pero es que, aún cuando sea verdad que hay gente que, por mucho que pueda, no gasta porque no quiere, pues qué quieren ustedes que les diga: me parece perfecto y lógico. Lógico porque con tanto embate de FalsiMedia en su cantinela del "Vienen tiempos malísimos" para que aceptemos rebajas en nuestros derechos sociales y laborales, cualquiera se atreve a gastar en cosas que no le son estrictamente necesarias.
Y me parece perfecto que esas personas no gasten porque ¿a santo de qué para que les salgan las cuentas a los cerebritos que adoraron al Becerro de Oro del Crecimiento Continuado tenemos ahora los demás que gastar sin necesidad nuestro dinero, tan trabajosamente obtenido?
Aunque parezca simplificar demasiado el problema, opino que el único motivo de que se nos haya adoctrinado para el consumismo es que nuestro gasto continuado enriquecía a unos pocos, mayormente los dueños de las multinacionales, que eran (y son) los vendedores y beneficiarios últimos de casi todo lo que comprábamos.
El pequeño problemita del método era que nos empobrecía a nosotros. ¿O sería quizá eso mismo parte del objetivo buscado? En todo caso que no vengan a pedirnos que sigamos con el derroche.
No nos dejemos ahora engañar por las mentiras que promulgan desde sus púlpitos mediáticos: el derrumbe económico no es culpa nuestra, ni mucho menos, por más pies que se le busquen al gato.
martes, 24 de febrero de 2009
Sujétame al Niño
Algunas veces miro la prensa convencional. Sí, ya sé que soy el primero que da la tabarra con que es todo una sarta de mentiras, que no reflejan la realidad, y tal y cual. Digamos que le presto atención por razones que no tienen que ver diréctamente con informarme de lo que pasa en el mundo. Por ejemplo, para ver lo que sería de mí si sólo tuviera a FalsiMedia como fuente del saber. Algo así como una vez que me crucé con un vecino que venía "encopado" de más y supliqué a los hados no acabar así nunca. A juzgar por su reacción, creo que no debí haberlo hecho en voz alta, pero esa es otra historia.
Leo en la prensa que los padres de alumnos, al parecer, están "indignados" por la llegada de un puente de esos que supondrá unos días festivos pero que únicamente afectará a la enseñanza.
Retorcido como soy, la primera pregunta que a menudo me hago es cómo narices sabe la prensa lo que piensan o sienten "los padres de alumnos", porque me da a mí que no han ido haciendo encuestas significativas, o ni tan siquiera hablando con las asociaciones de padres de alumnos. Dejémoslo estar.
O al menos dejémoslo estar en beneficio de la segunda cuestión: resulta que, concretando más el tema, me cuenta el medio de prensa que los padres no tienen quién vigile a los vástagos durante esos días. Me trae a la cabeza otra ocasión en que escuché a un padre oponerse a reducciones en el número de horas de clase diciendo que "entonces están todo el día por aquí triscando, y eso no puede ser". Ya me voy enterando yo del tema.
Se trata de que los caballitos estén en el redil. Y a otra cosa, que ya hemos barrido el problema debajo de la alfombra.
Pero, según tengo entendido, son tanto sicólogos como educadores los que afirman que el desarrollo a diversos niveles de un niño requiere de la frecuente presencia y atención de los padres. Las razones son numerosas: es de quien mejor aprenden los hijos, refuerza el vínculo emocional, es mejor para su siquismo, y no sé cuántas más. Por otra parte, es como siempre han sido criados los hijos humanos.
Sin ir más lejos, Carl Sagan en un excelente libro de divulgación científica llamado "El Mundo y sus Demonios" y refiriéndose a nuestras tendencias inconscientes de imaginar peligros o apariciones afirma: "Durante toda la historia de la humanidad las crías humanas han dormido junto a sus padres. Y ahora, a edades cada vez más tempranas, les damos las buenas noches y los encerramos en una habitación a oscuras".
Y sin embargo el tiempo que los padres del primer mundo pasan junto a sus hijos resulta reducidísimo.
Pero es que, como ocurre con la mayoría de las cosas malas del mundo, los padres casi siempre tienen, cuanto menos, algo de justificación; de hecho, la más recurrente de todas: ¿Qué otra alternativa les queda, si han de pasar el día entero trabajando?
Tenemos que trabajar mucho porque se nos empuja a ello. Cuando no para llegar a final de mes (esto es, para tener comida, casa, ropa y poco más), sí para pagar todo nuestro consumismo. Consumismo que, dicho sea de paso, enriquece a los poderosos del mundo a través de sus multinacionales.
Estando tan ocupados, terminamos por buscar adónde atar al niño. Y luego crecen como crecen. ¿O debería decir crecemos como crecemos?
Leo en la prensa que los padres de alumnos, al parecer, están "indignados" por la llegada de un puente de esos que supondrá unos días festivos pero que únicamente afectará a la enseñanza.
Retorcido como soy, la primera pregunta que a menudo me hago es cómo narices sabe la prensa lo que piensan o sienten "los padres de alumnos", porque me da a mí que no han ido haciendo encuestas significativas, o ni tan siquiera hablando con las asociaciones de padres de alumnos. Dejémoslo estar.
O al menos dejémoslo estar en beneficio de la segunda cuestión: resulta que, concretando más el tema, me cuenta el medio de prensa que los padres no tienen quién vigile a los vástagos durante esos días. Me trae a la cabeza otra ocasión en que escuché a un padre oponerse a reducciones en el número de horas de clase diciendo que "entonces están todo el día por aquí triscando, y eso no puede ser". Ya me voy enterando yo del tema.
Se trata de que los caballitos estén en el redil. Y a otra cosa, que ya hemos barrido el problema debajo de la alfombra.
Pero, según tengo entendido, son tanto sicólogos como educadores los que afirman que el desarrollo a diversos niveles de un niño requiere de la frecuente presencia y atención de los padres. Las razones son numerosas: es de quien mejor aprenden los hijos, refuerza el vínculo emocional, es mejor para su siquismo, y no sé cuántas más. Por otra parte, es como siempre han sido criados los hijos humanos.
Sin ir más lejos, Carl Sagan en un excelente libro de divulgación científica llamado "El Mundo y sus Demonios" y refiriéndose a nuestras tendencias inconscientes de imaginar peligros o apariciones afirma: "Durante toda la historia de la humanidad las crías humanas han dormido junto a sus padres. Y ahora, a edades cada vez más tempranas, les damos las buenas noches y los encerramos en una habitación a oscuras".
Y sin embargo el tiempo que los padres del primer mundo pasan junto a sus hijos resulta reducidísimo.
Pero es que, como ocurre con la mayoría de las cosas malas del mundo, los padres casi siempre tienen, cuanto menos, algo de justificación; de hecho, la más recurrente de todas: ¿Qué otra alternativa les queda, si han de pasar el día entero trabajando?
Tenemos que trabajar mucho porque se nos empuja a ello. Cuando no para llegar a final de mes (esto es, para tener comida, casa, ropa y poco más), sí para pagar todo nuestro consumismo. Consumismo que, dicho sea de paso, enriquece a los poderosos del mundo a través de sus multinacionales.
Estando tan ocupados, terminamos por buscar adónde atar al niño. Y luego crecen como crecen. ¿O debería decir crecemos como crecemos?
lunes, 16 de febrero de 2009
Gumersindadas - La Ley del Más Fuerte
Existía antaño en España un personaje cómico llamado Macario, un muñeco manejado por un ventrílocuo llamado José Luis Moreno. Macario era la parodia del hombre rural íbero: bruto, inculto, bonachón, simplón y de mirada bobalicona. Dado que mi divorcio de la televisión dura ya demasiado como para tener siquiera información fehaciente de si sus números cómicos siguen en activo, no recuerdo todos los detalles. Por ejemplo, ahora mismo no caigo si para realzar más la cerrazón molleril, ésta, me parece a mí, extensiva a todo ese pueblo (rural o no) del que Antonio Machado dijera lo de "De cada diez cabezas, una piensa y nueve embisten", se creó el muñeco de Macario de manera que fuera unicejo. Pero como si lo fuera.
Sí recuerdo de Macario una graciosa escena en la cual el ventrílocuo conversaba con él al respecto de las elecciones y decían algo parecido a:
- Bueno, Macario, ¿y usted a quién hubiera votado en estas elecciones nacionales que acaban de celebrarse? - preguntaba el ventrílocuo.
- ¿Yo? Pues a los que ganen. - respondía en su simpleza Macario.
- Er... pero vamos a ver... eso no puede ser... suponga usted que las elecciones las ha ganado Alianza Popular - la antigua versión del actual Partido Popular de España ¿he dicho ya que mi divorcio con la tele viene de largo?
- Pues a esos.
- Pero Macario, que usted no puede saber quién va a ganar antes de las elecciones, así que no puede votarle. ¿Y si hubiera votado usted a Alianza Popular y entonces las hubiera ganado el PSOE?
- Pues a esos otros. - decía con total tranquilidad Macario.
Cuento esto porque hace algún tiempo estaba yo tratando de explicarle a mi buen amigo Gumersindo Amador el tema de Israelíes-contra-Todos que acontece allá por el Medio Oriente. Como ya sabrán mis amables (imagino) lectores, Gumersindo obtiene toda la información que necesita saber del mundo que le rodea a partir de la televisión, o a lo sumo de la prensa escrita y la radio; es decir, lo que los internáutas de pro llamamos FalsiMedia. Y, cuando no, se me va a Libertad Digital, para arreglarlo.
De modo que, como Gumersindo otra cosa no, pero buen amigo sí que es, decido ilusamente cumplir con mi deber e informarle:
- ... así que, como te digo, el estado de Israel se creó por la fuerza arrebatándoles tierras a los países de la región allá por el 1948. Y desde entonces los israelíes han ido invadiendo cada vez más territorios de los países circundantes. Claro, tratan como a perros a los habitantes originarios de la zona que se han quedado en los terrenos que van ocupando.
- Normal. Si es que ponen bombas. Son terroristas. - me responde él, adivino que sin forzar mucho la materia gris.
- Hombre, como que les están echando de sus casas, y pasando los tanques por encima de ellas, y bombardeando sus infraestructuras: potabilizadoras de agua, carreteras, hospitales, colegios, locales sociales como sinagogas... pues claro que ponen bombas.
- Pues que dejen de hacerlo. Y si no allá ellos, los bombardeos que les caigan se los merecen.
- Pero vamos a ver, Gumersindo, si les están atacando, invadiendo y matando. Además, ya que me hablas de los muertos israelíes que causan con sus bombas, ¿qué me dices de los muchos más muertos y daños de todo tipo que causan los israelíes con su mayor y mejor armamento y tecnología?
- Es la Ley del Más Fuerte, como tiene que ser.
Cuando me recuperé de la impresión (ya he contado a veces que Gumersindo sabe cómo impresionarme) que me generó la sinpar respuesta, lo cual fue, debo confesarlo, mucho después de escucharla, le di vueltas al asunto, a ver qué sacaba.
Y es que el sentimiento de apego al fuerte porque es fuerte es algo que a veces cala hondo en nuestra sociedad. Son muchas las personas que, como Macario, quieren subirse al carro ganador o qué sé yo, así que en temas como el de la guerra de Medio Oriente se apuntan, aunque sea tan sólo ideológicamente, al bando de Israel-EEUU, que son guapos, visten más bellos uniformes y tienen armamento más reluciente. Los otros, esto es, los "moros", son sucios, visten túnicas polvorientas, chapurrean en un lenguaje que no es el de las canciones de moda y tienen los dientes picados y no alineados por costosos aparatos que ponemos a nuestros niños.
Como Macario, no sé cuántos de quienes eligen sus adhesiones con tales baremos serán unicejos.
Pero como si lo fueran.
Sí recuerdo de Macario una graciosa escena en la cual el ventrílocuo conversaba con él al respecto de las elecciones y decían algo parecido a:
- Bueno, Macario, ¿y usted a quién hubiera votado en estas elecciones nacionales que acaban de celebrarse? - preguntaba el ventrílocuo.
- ¿Yo? Pues a los que ganen. - respondía en su simpleza Macario.
- Er... pero vamos a ver... eso no puede ser... suponga usted que las elecciones las ha ganado Alianza Popular - la antigua versión del actual Partido Popular de España ¿he dicho ya que mi divorcio con la tele viene de largo?
- Pues a esos.
- Pero Macario, que usted no puede saber quién va a ganar antes de las elecciones, así que no puede votarle. ¿Y si hubiera votado usted a Alianza Popular y entonces las hubiera ganado el PSOE?
- Pues a esos otros. - decía con total tranquilidad Macario.
Cuento esto porque hace algún tiempo estaba yo tratando de explicarle a mi buen amigo Gumersindo Amador el tema de Israelíes-contra-Todos que acontece allá por el Medio Oriente. Como ya sabrán mis amables (imagino) lectores, Gumersindo obtiene toda la información que necesita saber del mundo que le rodea a partir de la televisión, o a lo sumo de la prensa escrita y la radio; es decir, lo que los internáutas de pro llamamos FalsiMedia. Y, cuando no, se me va a Libertad Digital, para arreglarlo.
De modo que, como Gumersindo otra cosa no, pero buen amigo sí que es, decido ilusamente cumplir con mi deber e informarle:
- ... así que, como te digo, el estado de Israel se creó por la fuerza arrebatándoles tierras a los países de la región allá por el 1948. Y desde entonces los israelíes han ido invadiendo cada vez más territorios de los países circundantes. Claro, tratan como a perros a los habitantes originarios de la zona que se han quedado en los terrenos que van ocupando.
- Normal. Si es que ponen bombas. Son terroristas. - me responde él, adivino que sin forzar mucho la materia gris.
- Hombre, como que les están echando de sus casas, y pasando los tanques por encima de ellas, y bombardeando sus infraestructuras: potabilizadoras de agua, carreteras, hospitales, colegios, locales sociales como sinagogas... pues claro que ponen bombas.
- Pues que dejen de hacerlo. Y si no allá ellos, los bombardeos que les caigan se los merecen.
- Pero vamos a ver, Gumersindo, si les están atacando, invadiendo y matando. Además, ya que me hablas de los muertos israelíes que causan con sus bombas, ¿qué me dices de los muchos más muertos y daños de todo tipo que causan los israelíes con su mayor y mejor armamento y tecnología?
- Es la Ley del Más Fuerte, como tiene que ser.
Cuando me recuperé de la impresión (ya he contado a veces que Gumersindo sabe cómo impresionarme) que me generó la sinpar respuesta, lo cual fue, debo confesarlo, mucho después de escucharla, le di vueltas al asunto, a ver qué sacaba.
Y es que el sentimiento de apego al fuerte porque es fuerte es algo que a veces cala hondo en nuestra sociedad. Son muchas las personas que, como Macario, quieren subirse al carro ganador o qué sé yo, así que en temas como el de la guerra de Medio Oriente se apuntan, aunque sea tan sólo ideológicamente, al bando de Israel-EEUU, que son guapos, visten más bellos uniformes y tienen armamento más reluciente. Los otros, esto es, los "moros", son sucios, visten túnicas polvorientas, chapurrean en un lenguaje que no es el de las canciones de moda y tienen los dientes picados y no alineados por costosos aparatos que ponemos a nuestros niños.
Como Macario, no sé cuántos de quienes eligen sus adhesiones con tales baremos serán unicejos.
Pero como si lo fueran.
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