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"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo."
[Voltaire - Filósofo y Físico]
En una cosa al menos tiene razón el alcalde de Puerto Real, José Antonio Barroso: la inmensa mayoría de españoles que defienden la monarquía en España no tienen más argumento (por mucho que lo disfracen con otras palabras) que el de que les cae simpático el rey. Algunos más informados dirán que salvó la democracia española cuando "lo del golpe de estado del 23 de Febrero del año 1981". Y pare usted de contar. Es decir, que tenemos aquí los íberos argumentos tan sesudos como en las elecciones, vamos.
Es por eso que deseo, amables lectores, hacerles llegar este artículo (un tanto antiguo, pero que seguramente no hayan leído, claro, para eso están las cortinas de acero de FalsiMedia) del Coronel Amadeo Martínez Inglés mostrando (y, sobre todo, argumentando) otros puntos de vista:
Las responsabilidades de un rey irresponsable - Amadeo Martínez Inglés
Y, de paso ¿por qué no? deseo avisar de esta iniciativa, algo que usted tampoco verá en la tele.
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miércoles, 16 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
Anda que Como sea Verdad y Mentira
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Hoy me ha dado el volunto de escribir las dos formas posibles de una clásica historia antigua. No acabo de ver qué enseñanza pudieran sacar mis amables lectores de su lectura, la verdad, pero me da que sí que hay alguna. Si acaso que alguno de ellos sea tan amable y me la explique. Por mi parte intuyo que pretendo en realidad tocarle las narices a alguien. Como casi siempre.
*****
La Historia del Monje y el Caballero
Caminaban un caballero y un monje por el sendero,
el primero con su brillante armadura y su noble corcel,
el segundo a pie, en sandalias humildes como su hábito.
- Dime, frugal monje que me acompañas - dijo el caballero -
Caminas cansadamente sin montura,
comes de lo que dan los árboles del sendero,
no disfrutas el vino de todo buen comer,
duermes sobre la hierba cuando la hay,
repartes cuanto tienes entre otros más desdichados que tú,
no yaces con mujeres
ni te enfurecen de otros sus burlas o intentos de ofenderte.
Y todo esto por lo que otros dijeron que tu dios nos ordena hacer.
Yo me pregunto: ¿qué ocurre si, al final, todo ello resulta ser mentira?
- Noble Señor - respondiole el monje -, no puedo negar
que vuestras insinuaciones tienen mucho sentido.
Pero decidme, alto y poderoso jinete,
¿qué ocurre si, al final, todo ello es verdad?
*****
La Historia del Caballero y el Monje
Caminaban un caballero y un monje por el sendero,
el primero con su brillante armadura y su noble corcel,
el segundo a pie, en sandalias humildes como su hábito.
- Decidme, ostentoso señor, jinete del noble alazán - dijo el monje -
El esfuerzo de caminar no hacéis, llevado por vuestro equino,
elegís vuestros alimentos entre los más sabrosos y abundantes,
vinos, cervezas y brandys os acompañan a donde vais,
y en opulentas posadas os alojáis allá donde hacéis noche.
Riquezas tenéis, y más anheláis,
toda mujer de vida fácil os conoce en la región,
y fácilmente os ofendéis y en fiero duelo batalláis.
Todo ello contra las ordenanzas de comedimiento de nuestro dios,
en el que, admitirlo debéis, de poco a nada creéis.
Yo me pregunto: ¿qué ocurre si, al final, su existencia era la más completa verdad?
- Piadoso monje - respondióle el caballero - no puedo negar
que vuestros intentos de salvar mi alma son honrosos,
y acertadas vuestras conclusiones pudieran ser.
Pero decidme, santo feligrés,
¿qué ocurre si, al final, la existencia de vuestro dios no era la verdad?
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Hoy me ha dado el volunto de escribir las dos formas posibles de una clásica historia antigua. No acabo de ver qué enseñanza pudieran sacar mis amables lectores de su lectura, la verdad, pero me da que sí que hay alguna. Si acaso que alguno de ellos sea tan amable y me la explique. Por mi parte intuyo que pretendo en realidad tocarle las narices a alguien. Como casi siempre.
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La Historia del Monje y el Caballero
Caminaban un caballero y un monje por el sendero,
el primero con su brillante armadura y su noble corcel,
el segundo a pie, en sandalias humildes como su hábito.
- Dime, frugal monje que me acompañas - dijo el caballero -
Caminas cansadamente sin montura,
comes de lo que dan los árboles del sendero,
no disfrutas el vino de todo buen comer,
duermes sobre la hierba cuando la hay,
repartes cuanto tienes entre otros más desdichados que tú,
no yaces con mujeres
ni te enfurecen de otros sus burlas o intentos de ofenderte.
Y todo esto por lo que otros dijeron que tu dios nos ordena hacer.
Yo me pregunto: ¿qué ocurre si, al final, todo ello resulta ser mentira?
- Noble Señor - respondiole el monje -, no puedo negar
que vuestras insinuaciones tienen mucho sentido.
Pero decidme, alto y poderoso jinete,
¿qué ocurre si, al final, todo ello es verdad?
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La Historia del Caballero y el Monje
Caminaban un caballero y un monje por el sendero,
el primero con su brillante armadura y su noble corcel,
el segundo a pie, en sandalias humildes como su hábito.
- Decidme, ostentoso señor, jinete del noble alazán - dijo el monje -
El esfuerzo de caminar no hacéis, llevado por vuestro equino,
elegís vuestros alimentos entre los más sabrosos y abundantes,
vinos, cervezas y brandys os acompañan a donde vais,
y en opulentas posadas os alojáis allá donde hacéis noche.
Riquezas tenéis, y más anheláis,
toda mujer de vida fácil os conoce en la región,
y fácilmente os ofendéis y en fiero duelo batalláis.
Todo ello contra las ordenanzas de comedimiento de nuestro dios,
en el que, admitirlo debéis, de poco a nada creéis.
Yo me pregunto: ¿qué ocurre si, al final, su existencia era la más completa verdad?
- Piadoso monje - respondióle el caballero - no puedo negar
que vuestros intentos de salvar mi alma son honrosos,
y acertadas vuestras conclusiones pudieran ser.
Pero decidme, santo feligrés,
¿qué ocurre si, al final, la existencia de vuestro dios no era la verdad?
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domingo, 13 de diciembre de 2009
Actuando Tajantemente contra el Cáncer de Pulmón
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Mi vecino fuma talmente como un carretero de esos. Vamos, nunca he visto a un carretero fumar. De hecho no recuerdo ahora mismo cuándo fue la última vez que vi a un carretero. Pero se dice que fuman mucho. Y este, para colmo, cada vez fuma más. Que lo he ido viendo yo con el paso de los años, que hace unos años era sólo el de después de comer, hace menos lo veía fumar de vez en cuando, y ahora va siempre con el cigarro en la mano.
Pero dice que eso se ha acabado, y va a actuar de inmediato. Que va a hacer cambios radicales en su vida, porque no quiere morirse por esa estupidez del tabaco, que no es más que un vicio bobo. Que el tema es muy serio y la salud es lo primero. Así que va a reducir lo que fuma en un 17%. Gradualmente, claro, de aquí al 2020, que de golpe no se hacen estas cosas, que el síndrome de abstinencia es algo molesto. Bueno, y un 17% respecto a lo que fumaba en 2005, que es cuando empezó a pensarse lo de dejar el tabaco y ya tiene los cálculos hechos.
Si yo fuera tonto de capirote llamaría a esto "Actuar ya contra el tabaco". Y a mi vecino "Persona que cuida su salud".
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Mi vecino fuma talmente como un carretero de esos. Vamos, nunca he visto a un carretero fumar. De hecho no recuerdo ahora mismo cuándo fue la última vez que vi a un carretero. Pero se dice que fuman mucho. Y este, para colmo, cada vez fuma más. Que lo he ido viendo yo con el paso de los años, que hace unos años era sólo el de después de comer, hace menos lo veía fumar de vez en cuando, y ahora va siempre con el cigarro en la mano.
Pero dice que eso se ha acabado, y va a actuar de inmediato. Que va a hacer cambios radicales en su vida, porque no quiere morirse por esa estupidez del tabaco, que no es más que un vicio bobo. Que el tema es muy serio y la salud es lo primero. Así que va a reducir lo que fuma en un 17%. Gradualmente, claro, de aquí al 2020, que de golpe no se hacen estas cosas, que el síndrome de abstinencia es algo molesto. Bueno, y un 17% respecto a lo que fumaba en 2005, que es cuando empezó a pensarse lo de dejar el tabaco y ya tiene los cálculos hechos.
Si yo fuera tonto de capirote llamaría a esto "Actuar ya contra el tabaco". Y a mi vecino "Persona que cuida su salud".
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
Purificación
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"¿Al final sera cuestion de dormir con una escopeta cargada debajo de la almohada? Pues vaya despilfarro de millones de años de evolucion, para acabar de esa manera. ¿Es nuestra naturaleza? ¿Es inevitable? Porque a mi me parece que no. Ni es inevitable, ni tenemos sólo eso dentro, en nuestra naturaleza. Tambien tenemos dentro la capacidad de vivir en paz, ademas de tanto egoismo suicida y engañoso."
[Internete - Libertario Internauta - Foros de Crisis Energética]
Mi buen amigo Gumersindo Amador, cuando hablamos de lo mal que está el mundo, acostumbra a perder la paciencia pronto (en realidad Gumersindo pierde la paciencia pronto haciendo casi cualquier cosa, lo que motiva que a menudo no acabe lo que empieza). Así que, como a él eso de la indagación metódica, paciente y constante no le va, se me escapa con alguna broma frívola que rompa el debate y la conversación:
- Pues mira, yo creo que lo mejor para eso es una buena guerra nuclear, se reduce la población mundial, y ale, fin del problema. - no por repetida esta salida suya le hace menos gracia, hago notar.
A mí me divierte una broma tanto como al que más. Pero me pregunto si, por aquello de que Gumersindo es demasiado a menudo el exponente del acomodaticio y simplista (o sea, televidente) sujeto promedio, no será esta broma suya algo muy extendido entre la población. Y, ya que andamos de bromas, lo mismo en el subconsciente tenemos las personas como algo no demasiado insensato que se haga realidad tan expeditivo método de purga de problemas.
Se acuerda uno de estas cosas cuando se entera de que esas bestias infrahumanas en que se han convertido los estadounidenses pudieran llevar fácilmente no menos de 80.000 personas secuestradas (detenidas, dicen ellos, sólo que, pequeño detalle, no hay cargos ni pruebas ni tal) para torturarlas y ver en qué porcentaje de la población se puede inducir mediante torturas las convicciones que a ellos les interesen (Por ejemplo, un "Yo soy un terrorista y atenté contra las torres gemelas, contra el pentágono, contra turistas y contra un vendedor de altramuces que pasaba por allí"). Ale, qué bien. De las personas como ganado. O como conejillos de indias.
Y, como ya a estas alturas uno, cuando de barbaridades de los que mandan (de los que mandan de verdad, no de los presidentes de gobierno) se lo cree todo, se acuerda todavía más del chistecillo de la guerra nuclear leyendo otras noticias (oh, bueno, esta es en vídeo, con lo que me figuro que así al menos la verán más de mis lectores). Ole y ole. Más de las personas como ganado. O como estorbo, en este caso. Que al planeta se le están acabando los recursos y conviene que seamos menos a repartir.
Pero no vamos a hacer mucho al respecto, ¿verdad? Ni siquiera difundirlo. Estamos demasiado ocupados haciendo... nada (o sea, ver la tele).
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"¿Al final sera cuestion de dormir con una escopeta cargada debajo de la almohada? Pues vaya despilfarro de millones de años de evolucion, para acabar de esa manera. ¿Es nuestra naturaleza? ¿Es inevitable? Porque a mi me parece que no. Ni es inevitable, ni tenemos sólo eso dentro, en nuestra naturaleza. Tambien tenemos dentro la capacidad de vivir en paz, ademas de tanto egoismo suicida y engañoso."
[Internete - Libertario Internauta - Foros de Crisis Energética]
Mi buen amigo Gumersindo Amador, cuando hablamos de lo mal que está el mundo, acostumbra a perder la paciencia pronto (en realidad Gumersindo pierde la paciencia pronto haciendo casi cualquier cosa, lo que motiva que a menudo no acabe lo que empieza). Así que, como a él eso de la indagación metódica, paciente y constante no le va, se me escapa con alguna broma frívola que rompa el debate y la conversación:
- Pues mira, yo creo que lo mejor para eso es una buena guerra nuclear, se reduce la población mundial, y ale, fin del problema. - no por repetida esta salida suya le hace menos gracia, hago notar.
A mí me divierte una broma tanto como al que más. Pero me pregunto si, por aquello de que Gumersindo es demasiado a menudo el exponente del acomodaticio y simplista (o sea, televidente) sujeto promedio, no será esta broma suya algo muy extendido entre la población. Y, ya que andamos de bromas, lo mismo en el subconsciente tenemos las personas como algo no demasiado insensato que se haga realidad tan expeditivo método de purga de problemas.
Se acuerda uno de estas cosas cuando se entera de que esas bestias infrahumanas en que se han convertido los estadounidenses pudieran llevar fácilmente no menos de 80.000 personas secuestradas (detenidas, dicen ellos, sólo que, pequeño detalle, no hay cargos ni pruebas ni tal) para torturarlas y ver en qué porcentaje de la población se puede inducir mediante torturas las convicciones que a ellos les interesen (Por ejemplo, un "Yo soy un terrorista y atenté contra las torres gemelas, contra el pentágono, contra turistas y contra un vendedor de altramuces que pasaba por allí"). Ale, qué bien. De las personas como ganado. O como conejillos de indias.
Y, como ya a estas alturas uno, cuando de barbaridades de los que mandan (de los que mandan de verdad, no de los presidentes de gobierno) se lo cree todo, se acuerda todavía más del chistecillo de la guerra nuclear leyendo otras noticias (oh, bueno, esta es en vídeo, con lo que me figuro que así al menos la verán más de mis lectores). Ole y ole. Más de las personas como ganado. O como estorbo, en este caso. Que al planeta se le están acabando los recursos y conviene que seamos menos a repartir.
Pero no vamos a hacer mucho al respecto, ¿verdad? Ni siquiera difundirlo. Estamos demasiado ocupados haciendo... nada (o sea, ver la tele).
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domingo, 6 de diciembre de 2009
Las Dos Españas
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"No es que Israel no quiera paz: todos quieren paz, incluso Hitler. La cuestión es: ¿bajo qué condiciones?"
[Noam Chomsky - Libertario]
"- No le escucharán ¿Sabe por qué? Porque tienen ciertas ideas fijas sobre el pasado. Cualquier cambio sería considerado como una blasfemia aunque fuese cierto... No quieren la verdad. Quieren sus tradiciones."
[El Sol Desnudo - Isaac Asimov]
"- He convencido a toda la gente razonable. El resto, la mayoría, no están dispuestos a renunciar a su aversión emocional."
[El Hombre Bicentenario - Isaac Asimov]
El otro día estoy con mi buen amigo Gumersindo Amador hablando de política. En realidad soy de los que piensa que, en resumidas cuentas, todas las discusiones son discusiones políticas, pero eso es otra historia. Como ya sabrán ustedes, en este simulacro de democracia que tenemos en España hay en realidad tan sólo dos partidos políticos (de ahí que la cosa se llame bipartidismo), básicamente para que así los verdaderos poderosos del país tengan menos títeres que manejar. Y Gumersindo es uno más de los que cae en la trampa montada por el circo mediático destinado a convencernos de que ambos partidos no son, en realidad, el mismo.
Así que él opta por el Partido A. Y, por tanto, despotrica de los del Partido B. Es lo más fácil.
- Para mí está claro que quien sea del Partido B es un malnacido hijo de perra. - me dice vehementemente, como si, pese a sus duras palabras, soltara una tremenda obviedad.
¿Alguna vez les he dicho que Gumersindo me hace sentirme a veces cansado, muy cansado?
Precisamente me acordé de esta conversación el otro día, leyendo la «Historia de Aquí» de Antonio Fraguas Forges. Se trata de un resumen de la historia de España contada mediante la unión de textos y viñetas cómicas del propio autor. El otro día, en la parte correspondiente a la Primera República que hubo en la Península Ibérica, allá por el 1880 más o menos, leo:
"Adios Asamblea y adiós Primera República. Desapareció por el encono, el enfrentamiento y la intolerancia de las ya definidas Dos Españas; fue un sueño de libertad que nuestros tatarabuelos vieron convertirse en pesadilla."
El concepto de las «Dos Españas» viene de lejos aquí por este país, y hace referencia a los dos grandes grupos en los que los españoles solían dividirse en cuanto a su forma de pensar cómo debe organizarse una sociedad. Se cuenta que las Dos Españas siempre estuvieron divididas, incomunicadas (e incomunicables), irreconciliables y, sobre todo, odiándose. Cada una culpaba a la otra de todos los males del país. Cada una creía ser reflexiva, tolerante y que la otra estaba compuesta básicamente por hordas de insensatos rabiosos. Cada una creía no buscar la confrontación pero estar continuamente siendo atacada por la otra. Y ninguna escuchaba a la otra, ¿para qué hacerlo?
Tales condiciones, claro, eran terreno abonado para los enfrentamientos. Y no les resultaba a los poderosos muy difícil atizar las brasas para que el pueblo se zurrara cuando les convenía; por ejemplo si había que distraernos cuando algún inoportuno hablaba de los lujos que disfrutaban unos pocos mientras casi todos los demás se morían de hambre.
Cuando oigo hablar a gente como Gumersindo pienso que cualquier intento de cambiar el mundo fracasará. O al menos de hacer cambios racionales en este país. Porque parece que sí que siguen existiendo las Dos Españas, enfrentadas e irreconciliables, enconadas y no dispuestas a ceder en nada. Y lo primero que necesitamos para poner de acuerdo a personas que piensan diferente es respeto mutuo, algo que en España, el país del «Si no piensa igual que yo es que es tonto de remate», resulta por ahora extremadamente difícil.
Aún no hemos, en España al menos, entendido algo tan básico como estas palabras del periodista Javier Ortiz:
"Un demócrata no puede afirmar [...] que nunca admitirá propuestas políticas que dividan a la población. Y menos aún que rechace que una parte de la ciudadanía decida qué debe hacer el conjunto. Ambas cosas están en el ser mismo de la democracia. Los demócratas consideramos que la existencia de líneas políticas divergentes es un excelente signo de vitalidad de la sociedad. Y somos partidarios de que la ciudadanía vote, y de que se obre conforme a lo que decida la mayoría. Básicamente porque, si tuviéramos que esperar a ponernos todos -o la inmensísima mayoría- de acuerdo en cada cosa importante, nunca haríamos nada. Y porque, si rechazáramos obrar conforme al criterio de la mayoría, estaríamos propugnando la dictadura de la minoría."
Si de verdad queremos que la raza humana sobreviva tenemos que cambiar muchas cosas, empezando por nosotros mismos.
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"No es que Israel no quiera paz: todos quieren paz, incluso Hitler. La cuestión es: ¿bajo qué condiciones?"
[Noam Chomsky - Libertario]
"- No le escucharán ¿Sabe por qué? Porque tienen ciertas ideas fijas sobre el pasado. Cualquier cambio sería considerado como una blasfemia aunque fuese cierto... No quieren la verdad. Quieren sus tradiciones."
[El Sol Desnudo - Isaac Asimov]
"- He convencido a toda la gente razonable. El resto, la mayoría, no están dispuestos a renunciar a su aversión emocional."
[El Hombre Bicentenario - Isaac Asimov]
El otro día estoy con mi buen amigo Gumersindo Amador hablando de política. En realidad soy de los que piensa que, en resumidas cuentas, todas las discusiones son discusiones políticas, pero eso es otra historia. Como ya sabrán ustedes, en este simulacro de democracia que tenemos en España hay en realidad tan sólo dos partidos políticos (de ahí que la cosa se llame bipartidismo), básicamente para que así los verdaderos poderosos del país tengan menos títeres que manejar. Y Gumersindo es uno más de los que cae en la trampa montada por el circo mediático destinado a convencernos de que ambos partidos no son, en realidad, el mismo.
Así que él opta por el Partido A. Y, por tanto, despotrica de los del Partido B. Es lo más fácil.
- Para mí está claro que quien sea del Partido B es un malnacido hijo de perra. - me dice vehementemente, como si, pese a sus duras palabras, soltara una tremenda obviedad.
¿Alguna vez les he dicho que Gumersindo me hace sentirme a veces cansado, muy cansado?
Precisamente me acordé de esta conversación el otro día, leyendo la «Historia de Aquí» de Antonio Fraguas Forges. Se trata de un resumen de la historia de España contada mediante la unión de textos y viñetas cómicas del propio autor. El otro día, en la parte correspondiente a la Primera República que hubo en la Península Ibérica, allá por el 1880 más o menos, leo:
"Adios Asamblea y adiós Primera República. Desapareció por el encono, el enfrentamiento y la intolerancia de las ya definidas Dos Españas; fue un sueño de libertad que nuestros tatarabuelos vieron convertirse en pesadilla."
El concepto de las «Dos Españas» viene de lejos aquí por este país, y hace referencia a los dos grandes grupos en los que los españoles solían dividirse en cuanto a su forma de pensar cómo debe organizarse una sociedad. Se cuenta que las Dos Españas siempre estuvieron divididas, incomunicadas (e incomunicables), irreconciliables y, sobre todo, odiándose. Cada una culpaba a la otra de todos los males del país. Cada una creía ser reflexiva, tolerante y que la otra estaba compuesta básicamente por hordas de insensatos rabiosos. Cada una creía no buscar la confrontación pero estar continuamente siendo atacada por la otra. Y ninguna escuchaba a la otra, ¿para qué hacerlo?
Tales condiciones, claro, eran terreno abonado para los enfrentamientos. Y no les resultaba a los poderosos muy difícil atizar las brasas para que el pueblo se zurrara cuando les convenía; por ejemplo si había que distraernos cuando algún inoportuno hablaba de los lujos que disfrutaban unos pocos mientras casi todos los demás se morían de hambre.
Cuando oigo hablar a gente como Gumersindo pienso que cualquier intento de cambiar el mundo fracasará. O al menos de hacer cambios racionales en este país. Porque parece que sí que siguen existiendo las Dos Españas, enfrentadas e irreconciliables, enconadas y no dispuestas a ceder en nada. Y lo primero que necesitamos para poner de acuerdo a personas que piensan diferente es respeto mutuo, algo que en España, el país del «Si no piensa igual que yo es que es tonto de remate», resulta por ahora extremadamente difícil.
Aún no hemos, en España al menos, entendido algo tan básico como estas palabras del periodista Javier Ortiz:
"Un demócrata no puede afirmar [...] que nunca admitirá propuestas políticas que dividan a la población. Y menos aún que rechace que una parte de la ciudadanía decida qué debe hacer el conjunto. Ambas cosas están en el ser mismo de la democracia. Los demócratas consideramos que la existencia de líneas políticas divergentes es un excelente signo de vitalidad de la sociedad. Y somos partidarios de que la ciudadanía vote, y de que se obre conforme a lo que decida la mayoría. Básicamente porque, si tuviéramos que esperar a ponernos todos -o la inmensísima mayoría- de acuerdo en cada cosa importante, nunca haríamos nada. Y porque, si rechazáramos obrar conforme al criterio de la mayoría, estaríamos propugnando la dictadura de la minoría."
¿Qué puede pasar cuando algunos definen de «malnacidos hijos de perra» a quienes votan otra cosa? Pues depende de si son «algunos» o «muchos». Allá por los años 30 creo que fueron «muchos». Por eso pasó lo que pasó.
Si de verdad queremos que la raza humana sobreviva tenemos que cambiar muchas cosas, empezando por nosotros mismos.
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viernes, 4 de diciembre de 2009
Viviendo al Día
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"Para los enanos que cruzaban periódicamente La Comarca, así como para los disciplinados Montaraces, educados siguiendo las más estrictas tradiciones, La Comarca no parecía estar, por toda su ordinaria cotidianeidad, mejor organizada o gobernada que un jardín de infancia. Sin embargo, los viajeros más sabios podían discernir en La Comarca una semejanza con un reino pacífico e idílico, el tipo de reino que había sido soñado por numerosos pueblos y alcanzado por muy pocos. Los hobbits de La Comarca viajaban por su pequeño país sin ningún tipo de armas o miedo. Dentro de sus límites no se elevaba ningún gran castillo ni edificio, pero hasta los más inferiores sirvientes hobbits y ayudantes de campo tenían asegurado el refugio durante las tormentas de invierno, así como la ayuda por parte de los demás hobbits si dicho refugio les fallaba."
[Wesley Frank - La Comarca (basado en la novela «El Señor de los Anillos»)]
El otro día mi buen amigo Gumersindo Amador y yo estuvimos con un amigo nuestro que anda el hombre, como suele decirse, económicamente con el agua al cuello. Que si hipoteca, que si averías del automóvil, que si el escaso dinero que gana con su trabajo le llega para comer por los pelos, etc. Ya saben, mucha gente está así ya en España, pero la cosa no tiene visos de arreglarse, más que nada porque difícilmente vamos a arreglar nada si los que tenemos que arreglarlo, que somos las personas de abajo (es decir, los vampirizados por los de arriba) no queremos hablar del tema. De hecho no queremos hablar de ningún tema, pero esa es otra historia.
- Pobrecillo, está más tieso que la mojama. - le digo yo a Gumersindo cuando nos vamos.
- Pues sí. Vive al día. Tiene algún percance, y se cae con todo el equipo. - me responde él, refiriéndose a su economía, claro.
Posteriormente estuve pensando en el tema. Muchos hijos viven también «al día» en una situación parecida: tienen una trifulca gorda con la familia, lo que es, por desgracia, cada vez más frecuente, y les toca poco menos que irse a vivir debajo de un puente, incluso aunque tengan trabajo o hasta algunos ahorros bancarios. También muchos cónyuges están en situación parecida. Hoy pueden estar más o menos a flote, y mañana el agua les cubre hasta la coronilla. De los parados ya ni hablamos.
Ocurre lo mismo con muchos trabajadores, en realidad: pierden el trabajo, lo que cada vez es más fácil que ocurra de modo fulminante, y se quedan sin posibilidad de pagar las hipotecas múltiples que carguen.
Aún mucha gente con un trabajo medianamente estable está igualmente viviendo al día: tienen tantas deudas, que un percance no muy grande, como un golpe en su automóvil (que tienen que tener no por lujo sino por obligación de facto para su día a día) que su seguro se niegue a pagar, les supone la bancarrota.
Incluso, ya yéndonos a grupos sociales que están en situación un poco más desahogada (hipotecas pagadas, fuentes de ingresos aceptables para pagar los gastos de la vida), también estas personas pueden tener sin muchas complicaciones un percance que les hunda, económicamente hablando, la existencia, como una enfermedad que requiera un costoso tratamiento o un incendio en la vivienda; no todos estos casos quedarían cubiertos por seguros varios contratados a tal respecto.
A donde quiero llegar, si es que quiero llegar a alguna parte, que a veces lo dudo, es a que, en un estado en el que las políticas se van alejando cada vez más de lo social, esto es, de que la sociedad cuide de los suyos, y en el que, en lugar de ello, lo que impera cada vez más es el «búscate la vida», podríamos decir que casi todos estamos, en realidad, viviendo «al día».
Sin cohesión social, frente a la adversidad no seremos como la red de una portería de fútbol, que para el balón por muy fuerte que venga al distribuír el impacto entre casi todos sus nodos. Seremos más bien como los bolos de la bolera, cayendo por separado con facilidad.
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"Para los enanos que cruzaban periódicamente La Comarca, así como para los disciplinados Montaraces, educados siguiendo las más estrictas tradiciones, La Comarca no parecía estar, por toda su ordinaria cotidianeidad, mejor organizada o gobernada que un jardín de infancia. Sin embargo, los viajeros más sabios podían discernir en La Comarca una semejanza con un reino pacífico e idílico, el tipo de reino que había sido soñado por numerosos pueblos y alcanzado por muy pocos. Los hobbits de La Comarca viajaban por su pequeño país sin ningún tipo de armas o miedo. Dentro de sus límites no se elevaba ningún gran castillo ni edificio, pero hasta los más inferiores sirvientes hobbits y ayudantes de campo tenían asegurado el refugio durante las tormentas de invierno, así como la ayuda por parte de los demás hobbits si dicho refugio les fallaba."
[Wesley Frank - La Comarca (basado en la novela «El Señor de los Anillos»)]
El otro día mi buen amigo Gumersindo Amador y yo estuvimos con un amigo nuestro que anda el hombre, como suele decirse, económicamente con el agua al cuello. Que si hipoteca, que si averías del automóvil, que si el escaso dinero que gana con su trabajo le llega para comer por los pelos, etc. Ya saben, mucha gente está así ya en España, pero la cosa no tiene visos de arreglarse, más que nada porque difícilmente vamos a arreglar nada si los que tenemos que arreglarlo, que somos las personas de abajo (es decir, los vampirizados por los de arriba) no queremos hablar del tema. De hecho no queremos hablar de ningún tema, pero esa es otra historia.
- Pobrecillo, está más tieso que la mojama. - le digo yo a Gumersindo cuando nos vamos.
- Pues sí. Vive al día. Tiene algún percance, y se cae con todo el equipo. - me responde él, refiriéndose a su economía, claro.
Posteriormente estuve pensando en el tema. Muchos hijos viven también «al día» en una situación parecida: tienen una trifulca gorda con la familia, lo que es, por desgracia, cada vez más frecuente, y les toca poco menos que irse a vivir debajo de un puente, incluso aunque tengan trabajo o hasta algunos ahorros bancarios. También muchos cónyuges están en situación parecida. Hoy pueden estar más o menos a flote, y mañana el agua les cubre hasta la coronilla. De los parados ya ni hablamos.
Ocurre lo mismo con muchos trabajadores, en realidad: pierden el trabajo, lo que cada vez es más fácil que ocurra de modo fulminante, y se quedan sin posibilidad de pagar las hipotecas múltiples que carguen.
Aún mucha gente con un trabajo medianamente estable está igualmente viviendo al día: tienen tantas deudas, que un percance no muy grande, como un golpe en su automóvil (que tienen que tener no por lujo sino por obligación de facto para su día a día) que su seguro se niegue a pagar, les supone la bancarrota.
Incluso, ya yéndonos a grupos sociales que están en situación un poco más desahogada (hipotecas pagadas, fuentes de ingresos aceptables para pagar los gastos de la vida), también estas personas pueden tener sin muchas complicaciones un percance que les hunda, económicamente hablando, la existencia, como una enfermedad que requiera un costoso tratamiento o un incendio en la vivienda; no todos estos casos quedarían cubiertos por seguros varios contratados a tal respecto.
A donde quiero llegar, si es que quiero llegar a alguna parte, que a veces lo dudo, es a que, en un estado en el que las políticas se van alejando cada vez más de lo social, esto es, de que la sociedad cuide de los suyos, y en el que, en lugar de ello, lo que impera cada vez más es el «búscate la vida», podríamos decir que casi todos estamos, en realidad, viviendo «al día».
Sin cohesión social, frente a la adversidad no seremos como la red de una portería de fútbol, que para el balón por muy fuerte que venga al distribuír el impacto entre casi todos sus nodos. Seremos más bien como los bolos de la bolera, cayendo por separado con facilidad.
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
Presuntos Profesores
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El otro día, viendo una película algo antigua llamada "El Vuelo del Fénix", me llamó la atención una escena en la que un personaje está pintándole el nombre "Fénix" a un avión (de ahí el nombre de la peli), y otro de los personajes le inquiere por el significado de esa palabra. Cito de memoria:
- El Fénix era un ave mitológica en la cultura de la época de los egipcios, hace más de seis mil años, con la peculiar capacidad de que, tras su muerte... - empezaba a decir el consultado.
- Eh, oiga, no me hable como si fuera idiota. - le corta el inquiriente de manera hosca.
La escena me recordó, aunque sin razón aparente (ya saben, esta cabeza mía, que me lleva por derroteros extraños a veces), cierto hecho histórico, más concretamente de la historia de la música, que aconteció cuando el genial compositor Wolfgang Amadeus Mozart (cuyo nombre completo era aún más largo) presentó su ópera "El rapto en el serrallo" ante el Emperador José II. El emperador era un hombre sin profundos conocimientos de música, que más bien se interesaba en el tema por el aquel de que estaba de moda entre la nobleza. O sea, que era como la mayoría de gente a día de hoy con el fútbol: saben algo porque todo el mundo habla del tema, así que ellos no van a ser menos.
Y parece ser que el emperador, pese a estar satisfecho con la obra de Mozart, dijo algo así como que "pero tiene demasiadas notas". Ya ven, algo así como si un crítico literario dice que una novela es buena pero tiene demasiadas letras. Mozart, los genios a menudo tienen esa actitud excéntrica, le respondió con un "¿Y cuántas notas exáctamente considera su majestad que serían adecuadas?".
La sarcástica y reductora al absurdo respuesta de Mozart fue, para mi gusto, fantástica: si el zote este se pronuncia sobre mi música con semejante comentario de un tipo que ni siquiera un maestro haría de un aprendiz, yo pongo en evidencia su burrez haciendo algo tan simple como proseguir su razonamiento.
Les he aburrido con estas dos historias porque el otro día mi buen amigo Gumersindo Amador, lector (más por buen amigo que por otra cosa) esporádico de esta mi página web, me dijo:
- Creo que en tus artículos esos abusas de las citas. No paras de poner citas de tal o cual persona. Pareces un profesor obsesionado por las citas. Yo ya ni las leo. ¿No ves que yo quiero leerte a tí, no a Calígula, o a Sócrates, o a no sé quién?
Lástima, porque las citas son un fantástico condensado de sabiduría, a menudo más fácil de recordar que otras explicaciones más largas. Poco respeto y flaco favor a la Literatura, la Filosofía y hasta la Historia (qué curioso, las tres ramas que más hacen pensar, razonar, elucubrar y concluír por sí mismas a las personas) hace quien así piensa.
Pero tranquilos, que aquí acudo yo en defensa de mi viejo amigo, que otra cosa no, pero buen amigo sí que es: lo que, aunque él no lo sepa, le ocurre en realidad a Gumersindo no es (al menos en este caso) que desprecie algunas ramas del saber. Le pasan sencillamente dos cosas: la primera que a su faceta cazurra le molesta el aire docto, sábio, épico o lo que proceda que dan las citas a mis textos. Que diga yo lo que quiera, sí, pero sin florituras. Justo como en la película al principio de este texto citada. Quizá le satisfaga más que escriba mis artículos en ese espurio lenguaje que usa alguna gente para mandar mensajes vía teléfono móvil, o algo así.
Lo segundo que le ocurre es su devoción por el deporte nacional español: hablar sin saber. Si hay que hacerlo, pues se hace, así que, como a él al leer mis textos le viene el pálpito (convicción moral, lo llamaría Mariano Rajoy) de que ahí hay mucho barroquismo, pues va y suelta lo del exceso de citas. Más o menos como en el ejemplo del emperador y Mozart. Por lo menos no me ha dicho que pongo "demasiadas letras".
Gumersindo pisotea la faceta artística de mi actividad redactora. Es, podría decirse, lógico, está acostumbrado: en España se pisotea a menudo la faceta artística que por fuerza han de tener muchas, por no decir todas, de las actividades que las personas hacemos en esta vida.
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El otro día, viendo una película algo antigua llamada "El Vuelo del Fénix", me llamó la atención una escena en la que un personaje está pintándole el nombre "Fénix" a un avión (de ahí el nombre de la peli), y otro de los personajes le inquiere por el significado de esa palabra. Cito de memoria:
- El Fénix era un ave mitológica en la cultura de la época de los egipcios, hace más de seis mil años, con la peculiar capacidad de que, tras su muerte... - empezaba a decir el consultado.
- Eh, oiga, no me hable como si fuera idiota. - le corta el inquiriente de manera hosca.
La escena me recordó, aunque sin razón aparente (ya saben, esta cabeza mía, que me lleva por derroteros extraños a veces), cierto hecho histórico, más concretamente de la historia de la música, que aconteció cuando el genial compositor Wolfgang Amadeus Mozart (cuyo nombre completo era aún más largo) presentó su ópera "El rapto en el serrallo" ante el Emperador José II. El emperador era un hombre sin profundos conocimientos de música, que más bien se interesaba en el tema por el aquel de que estaba de moda entre la nobleza. O sea, que era como la mayoría de gente a día de hoy con el fútbol: saben algo porque todo el mundo habla del tema, así que ellos no van a ser menos.
Y parece ser que el emperador, pese a estar satisfecho con la obra de Mozart, dijo algo así como que "pero tiene demasiadas notas". Ya ven, algo así como si un crítico literario dice que una novela es buena pero tiene demasiadas letras. Mozart, los genios a menudo tienen esa actitud excéntrica, le respondió con un "¿Y cuántas notas exáctamente considera su majestad que serían adecuadas?".
La sarcástica y reductora al absurdo respuesta de Mozart fue, para mi gusto, fantástica: si el zote este se pronuncia sobre mi música con semejante comentario de un tipo que ni siquiera un maestro haría de un aprendiz, yo pongo en evidencia su burrez haciendo algo tan simple como proseguir su razonamiento.
Les he aburrido con estas dos historias porque el otro día mi buen amigo Gumersindo Amador, lector (más por buen amigo que por otra cosa) esporádico de esta mi página web, me dijo:
- Creo que en tus artículos esos abusas de las citas. No paras de poner citas de tal o cual persona. Pareces un profesor obsesionado por las citas. Yo ya ni las leo. ¿No ves que yo quiero leerte a tí, no a Calígula, o a Sócrates, o a no sé quién?
Lástima, porque las citas son un fantástico condensado de sabiduría, a menudo más fácil de recordar que otras explicaciones más largas. Poco respeto y flaco favor a la Literatura, la Filosofía y hasta la Historia (qué curioso, las tres ramas que más hacen pensar, razonar, elucubrar y concluír por sí mismas a las personas) hace quien así piensa.
Pero tranquilos, que aquí acudo yo en defensa de mi viejo amigo, que otra cosa no, pero buen amigo sí que es: lo que, aunque él no lo sepa, le ocurre en realidad a Gumersindo no es (al menos en este caso) que desprecie algunas ramas del saber. Le pasan sencillamente dos cosas: la primera que a su faceta cazurra le molesta el aire docto, sábio, épico o lo que proceda que dan las citas a mis textos. Que diga yo lo que quiera, sí, pero sin florituras. Justo como en la película al principio de este texto citada. Quizá le satisfaga más que escriba mis artículos en ese espurio lenguaje que usa alguna gente para mandar mensajes vía teléfono móvil, o algo así.
Lo segundo que le ocurre es su devoción por el deporte nacional español: hablar sin saber. Si hay que hacerlo, pues se hace, así que, como a él al leer mis textos le viene el pálpito (convicción moral, lo llamaría Mariano Rajoy) de que ahí hay mucho barroquismo, pues va y suelta lo del exceso de citas. Más o menos como en el ejemplo del emperador y Mozart. Por lo menos no me ha dicho que pongo "demasiadas letras".
Gumersindo pisotea la faceta artística de mi actividad redactora. Es, podría decirse, lógico, está acostumbrado: en España se pisotea a menudo la faceta artística que por fuerza han de tener muchas, por no decir todas, de las actividades que las personas hacemos en esta vida.
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